24 noviembre 2009
Las 100 de Silverman (V): El mejor de tus días (1992)-Barricada
Los acordes y la letra de este gran tema supuran un nihilismo asombroso. No hay esperanza ni futuro, "no quiero que esperes ya nada de mí, por tus ojos sin piedad, muchas veces resbalé". Un pinchazo, una vulnerabilidad en los rockeros duros e irreverentes. Derrota y oscurantismo.
23 noviembre 2009
Crítica de Cine (CXII): Paranormal activity (2007)

17 noviembre 2009
Cinema Revival (CV): Ginger y Fred (1985)

LAS HUELLAS DEL TIEMPO
Muchas veces el cine clásico sirve a los cineastas modernos como fuente de inspiración, como referencia de intertextualidad o a veces, como simple homenaje. En el caso de Federico Fellini es posible que no se produzcan ninguna de estas opciones sino todo lo contrario.
A Fellini, las figuras de Ginger Rogers y Fred Astaire, iconos del clasicismo más vitalista hollywoodiense le sirven para profundizar en esas imágenes de la parte final de su filmografía. En “Ginger y Fred” (1985) se encierran muchas de las claves del Fellini más moderno e innovador. En primer lugar, aquel que trata de desentrañar las claves y misterios de las imágenes masivas de la modernidad y cómo estás van alienando y aislando al individuo de sus esencias. Cómo el lenguaje publicitario (absolutamente recargado y redundante hasta la extenuación), el arte pop y la televisión (instrumento manipulador del que se sirve el poder) fomentan la banalización existencial y trivializa las preocupaciones humanas hasta llegar al absurdo.
Y en segundo lugar, un Fellini más sentimental, cronista y voz de viejos perdedores (en la carne de dos actores increíbles como Marcello Mastroianni y Giulieta Massina) al que la aceleración de los nuevos tiempos agota y deteriora aún más. Convirtiéndolos ya no, en aquellos imitadores de medio pelo destinados a entretener a la Italia desarrollista de posguerra, sino en meras caretas con arrugas, en puro simulacro de vodevil, máscaras en fin, fantasmas del pasado que la cruda nostalgia de la modernidad quiere resucitar para regocijo de sus hijos más canallas.
Y al final, por obra y gracia de la genialidad de uno de los cineastas imprescindibles, nos encontramos ante una Obra Maestra de envoltorio sencillo y sin adornos. Un discurso honesto, pero de fuertes reivindicaciones sobre el estado de salud democrática de un país (Fellini adivina el futuro de una Italia que es hoy caricatura de sí misma e irreconocible para el mundo entero). Y además, de manera soterrada aunque con breves instantes, es un poema triste que habla sobre el irremediable paso del tiempo. El auge y la caída, la gloria y la derrota, la depresión y la locura momentáneas al intentar recuperar la vida que fue y no será nunca más. Nunca el cine moderno exprimió tan a fondo la iconicidad pop del clasicismo, en ocasiones vacuo o carente de militancia social, en pos de un tratado atemporal en defensa del espíritu crítico, la democracia, la irrenunciable búsqueda a sentirnos queridos y el amor puro más allá de la edad.
FICHA TÉCNICA:
06 noviembre 2009
Las 100 de Silverman (IV): Cambio de planes (1993)- Los Secretos
La voz del siempre añorado Enrique Urquijo expresaba una nostalgia y un dolor que eran inexplicables. Solo era apto para los que habíamos vivido (mejor o peor)saboreando ciertas derrotas cotidianas. Pocos temas han sabido conectar con ese ritual de los recuerdos. Una joya de la melancolía hecha canción.
04 noviembre 2009
Killer Time
Aunque hoy el cielo fuera gris
y tal vez no lo sea,
mañana saldría el sol,
amanecería nuevamente,
todo podría renovarse.
Un nuevo ciclo retorna
y el hombre se redime.
Aunque ayer cayera la noche,
la más oscura,
albergarán las almas
un cierto rincón de luz
en la madrugada.
Que la luna los cuide y guarde
y que aquellos cálidos destellos no mueran nunca.
Aunque mañana será mañana
y todo podría ser posible
y hasta probable.
Todo es mentira,
absolutamente desconocido.
No me habrá de abrumar la incertidumbre
ni jugaré inocente con el tiempo
porque al fin no somos más que eso:
años en los huesos
piel en los recuerdos
ilusiones con piernas
el instante feliz en la retina
la desdicha de los días
lágrimas en la Historia
sueño en las manos
hombro con hombro
tacto fugaz
levedad insufrible
madeja de ilusiones
retazos y esbozos
besos y abrazos
del anhelo perdido
y los meses vividos.
¿Tanto caminé y tan importante?
¿Tanto corrí que no paré?
Y siendo tan jóven
¿por qué me siento tan viejo?
Qué no me mate el tiempo
sin darme cuenta.
02 noviembre 2009
Cinema Revival (CIV): El adiós de un hijo (1944)

La reciente película ganadora del festival de San Sebastián “City of life and death” (2009) del cineasta chino Lu Chuan, ponía de manifiesto los desconocidos y fatales episodios (sobre todo en occidente) de la ocupación japonesa en la península de Manchuria. Sin extendernos demasiado, podríamos hablar de un filme de denuncia y realista bordeando la objetividad de los acontecimientos y tratando de denunciar las atrocidades históricas del ejército japonés.
Pues bien, el filme que nos ocupa en este texto podría ser indudablemente la antítesis de esta reciente obra: “El adiós de un hijo” (1944) de Keisuke Kinoshita. Siendo uno de los grandes clásicos japoneses rodados durante la contienda, responde claramente a los postulados propios del tiempo y el contexto que le tocó vivir. Es decir, una subordinación temática y argumental al servicio del Estado y sus intereses, un exacerbado nacionalismo cuyo máximo interés residía en mantener la moral alta de la población civil y por último, aunque no por ello menos importante, la confección de un mensaje claro y directo que adoctrina y convence. No importa lo dramático que pueda ser o lo enraizado que pueda estar en las más viscerales emociones.
Cinematográficamente “El adiós de un hijo” es un grandísimo filme porque es capaz de expresarse claramente (como ya habían hecho los soviéticos antes y en aquellos momentos los propios nazis con el Comité de Propaganda de Goebbels a la cabeza) mediante un lenguaje claro y eficaz que utiliza el montaje y hace uso de las imágenes en pos de un objetivo de corte político. No en vano, hablamos de una de las cinematografías (la nipona) más poderosas y desarrolladas de todos los tiempos. Su mensaje es cuestionable desde unos mínimos éticos (la historia de una familia que entrega felizmente a su primogénito al decadente y derrotado régimen ultranacionalista y bélico que reinaba en Japón durante la II Guerra Mundial) pero también lo eran Obras Maestras del cine las realizadas por Leni Riefensthal u otros afamados amantes del totalitarismo cinematográfico. A pesar de todo, Kinoshita trata de preservar el alma pura de sus personajes de la locura a los que la Historia los dirige.
Aún con estas espinosas cuestiones, nadie negará su valor como testimonio veraz y lacrimógeno sobre la inmolación incondicional por causas ideológicas. Algo que a buen seguro chocará a los nuevos cinéfilos criados en climas políticos más vacuos. Y aunque al filme de Shinoshita se le intuye cierta aura de la derrota que vendría poco después (las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki son el archiconocido colofón de lo que jamás debería ocurrir). Aquellos desenlaces mortales producirían (a Dios gracias) un número importante de filmes que ahora sí cuestionarán la contienda de arriba y abajo tratando de limpiar aquellas sucias conciencias. Cito solo dos obras maestras que a diferencia de la que nos ocupa aporta no solo cine de calidad sino dosis de humanismo y reconciliación a raudales: la trilogía de “La condición humana” (1959-61) de Masaki Kobayashi o “La lluvia negra” (1989) de Shohei Imamura. El cine de doctrinas grises dio lugar a cierto colorido. Sin embargo y como en otros aspectos humanos el camino aún no ha finalizado.
Chishu Ryu, Ken Mitsuda, Kazumasa Hoshino, Kinuyo Tanaka, Ken Uehara, Haruko Sugimura, Shin Saburi, Shûji Sano, Eijirô Tono

